“El que habita al abrigo del Altísimo

Morará bajo la sombra del Omnipotente.

Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;

Mi Dios, en quien confiaré.

El te librará del lazo del cazador,

De la peste destructora.

Con sus plumas te cubrirá,

Y debajo de sus alas estarás seguro;

Escudo y adarga es su verdad.

No temerás el terror nocturno,

Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad,

Ni mortandad que en medio del día destruya. 

Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra;

Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás

Y verás la recompensa de los impíos. 

Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,

Al Altísimo por tu habitación,

No te sobrevendrá mal,

Ni plaga tocará tu morada. 

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,

Que te guarden en todos tus caminos.

En las manos te llevarán,

Para que tu pie no tropiece en piedra.

Sobre el león y el áspid pisarás;

Hollarás al cachorro del león y al dragón.

Por cuanto en mí ha puesto su amor,

yo también lo libraré;

Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Me invocará, y yo le responderé;

Con él estaré yo en la angustia;

Lo libraré y le glorificaré.

Lo saciaré de larga vida,

Y le mostraré mi salvación.

Amen”

Este es uno de los salmos mas populares porque su contenido ha sido utilizado como una herramienta de protección, mantener la biblia abierta en el salmo 91, colocarla en la sala de la casa y leerla a diario, ha sido una costumbre cristiana por el poder de estas palabras, la promesa de resguardo, abogamiento de los ángeles y de Dios dentro de su contenido.

Leer toda la familia, en voz alta el salmo 91 es una solución exitosa cuando se sospecha presencias malas dentro del hogar.

Toda promesa tiene su condición, y en  este caso encontramos en el verso uno y verso nueve que para apropiarnos de todo este respaldo, debemos habitar en su presencia.

 

El que habita al abrigo del Altísimo”.