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Es un amuleto de origen indio de América del Norte, nación nativa de Ojibwa que se transformó en un símbolo cultural.

Se trata de una bonita tradición adoptada, que viaja siempre a la actualidad y que tiene como función proporcionarnos felices sueños.

La leyenda explica que sencillamente cuando se cuelga cerca de la cabecera de la cama, las pesadillas que nos rondan por la noche  quedan atrapadas en la tela de araña hasta que los primeros rayos del Sol lo toquen quedando libre de experiencias indeseables durante las horas de descanso, incluso estaban destinados a proteger los bebés.

Tradicionalmente se fabricaba con madera de sauce con una red floja en su interior y decorado con plumas que funcionan filtrando los sueños de las personas, dejando pasar sólo las visiones positivas; los sueños que no recuerdas son los que bajan lentamente por esas plumas.

Tradicionalmente, los Ojibwa construían los atrapasueños atando hebras alrededor de una argolla circular resultando un poderoso filtro que sostiene emociones en todas sus gamas, miedos, angustias, deseos, etc.; las energías negativas emanadas de los malos sueños o las pesadillas son atrapadas por el centro del circulo, tal como si fueran insectos atraídos por la miel. Convirtiéndolas en vibraciones positivas que son liberadas por la pluma al ambiente.

El círculo representa el cosmos, los puntos cardinales y la rueda curativa. El círculo se divide en sectores arriba, el Aire (Norte), abajo, el Agua (Sur), a la derecha, el Fuego (Este) y a la izquierda, a la Tierra (Oeste).

Las plumas son símbolos de energía y se dice que tiene la misma estructura de filamentos que el aura humana. Es por eso que los chamanes las utilizan mucho, ya que consideran que el atrapa sueños ordena los filamentos del aura desbloqueando energéticamente a la persona.

El color se emplea según el gusto de la persona, ya que representa el poder del individuo. Es por eso que cada uno debe elegir la más adecuada a su personalidad y espíritu.

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